
He ido al dentista a hacerme una revisión. No tiene nada de especial, es lo que todo el mundo debería hacer (una vez al año) si no fueran unos miedicas cagados como yo U_U
Y es que hacía como ocho años que yo no pisaba una consulta de un dentista. Subes las escaleras... y conforme te vas acercando, vas notando ese olor a dolor que caracteriza a esos lugares. Tu mente te dice ¡Qué haces! ¡Vete de aquí! ¡Solo te harán daño!
Tuve la suerte de que una amiga me acompañara e hiciera que en las dos horas de espera, no saliera huyendo cada vez que oía el taladro del dentista. Me tiemblan las piernas sólo de pensarlo. (Suerte que no oí a nadie gritar)
En fin, que al final entré, me tumbé en la silla supersónica esa que tienen y el apuesto dentista empezó a hurgar por ahí a ver que encontraba. Yo estaba preparada para lo peor y....¡Oh! ¡Sorpresa! ¡No tengo caries!
Señor dentista... ¿podría volver a buscar? Pero no, estoy sana como una manzana. La verdad es que me alegró el dia... ¡Cepillarse los dientes sirve para algo! No habrá dolor, no habrá desembolso de dinero (los empaste no me los cubre el seguro >_<) y superé uno de mis grandes traumas.
Jaja, cualquiera diría que tengo 26 años ¿eh?
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